Tuesday, May 20, 2014

A Short Story: "Miss Anastán"

“Miss Anastán”

Los dos élderes (así se llamaban los misioneros varones de los mormones) andaban, como siempre, sus pantalones oscuros, camisas blancas de manga corta, corbatas y placas negras que decían “Elder _____” en una línea y luego “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” debajo del nombre del individuo.   

Uno de ellos era de la fábrica, como se acostumbró llamar al estado de Utah, la sede de la iglesia y desde donde salían la gran mayoría de los misioneros mormones.  El otro, un gordito de ojos claros, era de Georgia.  Él era un poquito distinto de los demás.  No fue solamente su gordura, sino que su forma de ser, de andar y de tratar con las personas.  

Él se había bautizado mormón hace 3 años y seguía siendo un poquito brusco si veía algo que no le cayera bien.  No creció en la iglesia; era converso y mantenía algunas de las costumbres de su cultura sureña.  Una de ellas fue que no aguantaba nunca que alguien se burlara de él.  Otra fue que jamás soportaría él que un niño o adolescente le faltara el respeto a un adulto.  Él se creía adulto aquel día y eso es la raíz de ese cuento.

Hacía un calor brutal es día de febrero de 1994.  No había ninguna nube en el cielo y la humedad era tanta que se sentía como el aliento caliente de una amante brava en el cuello.  Iban caminando por una acera angosta en una alameda que antes había al oeste de la Coca-Cola de Limón.  Hoy en día es un Mega Súper Maxi Pali Peri Híper Algo, pero antes era la embotelladora de la zona atlántica.

La acera seguía recto y alto mientras los patios de la casa iban bajando.  Doblaron una esquina y encontraron una pequeña cancha de futbol de unos 10m x 10m frente a unas cinco o seis casas.  En la cancha había dos goles pequeñitos y dos niños de por allí de 7 años.  Muchas personas de Limón eran de ascendencia jamaiquina y muchos hablaban inglés…pues un inglés que ellos llaman “Mekatelyu” o “patua” que tiene un acento sumamente fuerte.  Esto también es importante.  ¿Por qué?  Verás. 

La acera estuvo ya como ½ metro sobre el nivel de la cancha.  Los dos misioneros iban caminando, el alto primero y el gordo atrás, como siempre.  Uno de los chicos marcó con la bola y la tiró hacia la meta, con talento, y se le pasó por los pies del otro niño que jugaba malamente de portero.  El niño que tiró gritó de su éxito, “¡Qué tremendo fogonazo!”

Algo inocente e inocuo, ¿no?  Sí, si es que uno entiende la palabra “fogonazo.”  Al pobre gordito gringuillo le llegaron a los oídos algo un poquito más fuerte, de una de las palabrotas más fuertes que hay en el inglés.  Él escuchó, más bien, pensando en esa duda de que si alguien de Limón de ese entonces estuviera hablando inglés o español, alguillo como una mezcla de los dos: “¡Qué tremendo fucking asshole!” 


En ese momento se le subió la rabia y se tiró de la acera hacia abajo y le agarró a la pobre criatura del niño por una de sus orejas, gritándole, “¿Qué fue lo que me dijo?  ¿Dónde es que vive?  Vamos a decirle a su madre lo que acabas de decirme a mí a ver qué piensa ella."  El niño, gimoteando, no entendía (con razón) qué le estaba pasando, pero le dijo al gordito que vivía en una casa allí a la par.  La madre, escuchando el ruido, salió a ver qué pasaba.  

El gordito, lleno de orgullo y sintiéndose bien ofendido le obligó al niño a quien todavía tenía apretado la oreja entre sus dedos a decirle a su madre la supuesta palabrota.  La madre hablaba inglés y español y entendió inmediatamente qué había pasado.  Cuando le explico al gordito el significado de fogonazo, el gringuillo se puso rojísimo, avergonzado, azorado y con ganas de morirse.  Primero, le pidió mil disculpas al chiquillo, luego a la madre, luego a las vecinas que estaban observándolo todo y finalmente a Dios por haber pecado mientras llevaba el nombre de su hijo en el pecho.  Le invitó al chiquitico a un Trits de una pulpería cercana y le compró eso y algunos confites más. 

Desde ese día, jamás ha vuelto a tocarle a nadie en un momento de cólera….nunca quiso volver a ser el fogonazo de Limón.   

2 comments:

Albert Adam said...

While many learned professors have abandoned hope of ever discovering the truth behind small goal soccer, I for one feel that it is still a worthy cause for examination. I really, really like small goal soccer. Indispensable to homosapians today, it is impossible to overestimate its impact on modern thought.

Prince Raj said...

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